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Migración: Un mundo de historias

Por Rubén Ortiz

No hay tregua para nuestros ojos. Todo parece girar en torno a la crisis de la frontera. Los titulares se suceden uno a otro, los “flashes” de noticia y las ruedas de prensa interrumpen la cotidianidad de nuestras vidas. Aumentan las opiniones y los expertos, mientras las soluciones escasean. Políticos, expertos en logística, religiosos y activistas visitan la frontera. Todo el mundo parece querer tener la razón en cuanto a muros, rejas, carpas, niños no acompañados, hacinamiento en refugios, asilos, políticas fallidas o soluciones temporeras. 

Enrique Catana

¿Qué hay detrás de la migración en la frontera sur? Sobre todo hay un drama humano. Historias, miles de historias de gente común que busca sobrevivir, sostenerse, alcanzar metas y vivir. Historias como la de Enrique Catana –líder de adoración de la Iglesia Cristiana Sin Fronteras en Winston-Salem, North Carolina.

Si alguien puede identificarse con el drama actual, ese es Catana. Él también viajó por el desierto cuando era menor de edad hasta que finalmente se reunió con sus hermanos en los Estados Unidos. Como sus expresiones revelan, no es tan sencillo elegir entre los riesgos del desierto y el amor de la familia.

“Miles de cosas podrían haber pasado,” confesó.  “Pero durante todo el trayecto ese Dios del que mamá nos hablaba se reveló, cuidándome…”

A Catana lo crió Trinidad Ramiro, su mamá. Ante la ausencia de su padre, ésta se las tuvo que ingeniar sola para levantar un hogar, poner alimento en la meza y educar a sus hijos. Ramiro le inculcó valores morales a Catana y a sus hermanos; buenas costumbres que aún hoy atesora. “Nos inculcó valores cristianos, morales, el servicio y amor al prójimo,” asegura.

Aun así, Catana necesitaba a su padre y ese vacío lo llevó a refugiarse aún más en su fe. Desde muy pequeño solía no perderse ninguna actividad de la iglesia Príncipe de Paz en San Rafael, Veracruz, México. El entorno de la esta congregación moldeó su ritmo de vida y le llevó a descubrir y desarrollar su relación con Jesús.

Ese tiempo invertido en la iglesia Príncipe de Paz durante su juventud le preparó para vivir en los Estados Unidos. Asimismo, generó en él una vocación por el servicio, un gran apego a sus tradiciones y el deseo de servir a su comunidad.

Catana tiene talento para la música y sirvió a su comunidad de fe en México durante los cultos dominicales. Hoy, ayuda a su pastor, el reverendo Daniel Sostaita y dirige la adoración de su iglesia. “Rápidamente me identifique con los valores, la visión y la misión de Sin Fronteras y… [con] la gran personalidad, dulzura y sencillez del Pastor Daniel,” afirmó. “Mi experiencia en esta congregación ha sido de crecimiento ya que mi corazón siempre ha estado en servir a las comunidades.”

Catana es también un beneficiario del programa de Acción Diferida para los Arribados como Menores (DACA) que está agradecido a Dios por su admisión al programa. “Cuando llegaron las cartas de que había sido aceptado, caí de rodillas agradeciendo a Dios por ello,” indicó. “No lo podía creer. Rápidamente llamé a mi madre y compartí mi alegría grande con ella y mi familia.”

Es por ello que Catana cree que “debemos seguir abogando y defendiendo los derechos de la comunidad inmigrante en este país y buscar continuamente que se establezcan leyes y políticas justas y generosas para todos los inmigrantes.” Según Catana, se deben tomar pasos para eliminar la incertidumbre, el sufrimiento emocional y la inestabilidad de aquellos que no tienen un estatus legal.

Catana –quien ahora trabaja en el área de la salud en un hospital muy reconocido de su estado– ayuda a diario familias en sus dificultades para comprender el sistema de salud y traspasar las barreras del inglés, la ausencia de un seguro médico y el temor a ser discriminados por ser inmigrantes.

“Me siento bendecido y útil, he podido prepararme aprovechando cada oportunidad y desde mi rol ahora puedo ser ese enlace, esa voz, ese recurso bilingüe para proveer recursos en salud física, espiritual, emocional y relacional,” explica.

Pero hablar de migración no es hablar de política solamente. Catana afirma que es también hablar de fe, de relación con Dios, de búsqueda y diálogo con lo divino. “Está en la Biblia, en historias como la de Abraham, José y Moisés,” expresó. “Y se repite en el Nuevo Testamento en un Jesús niño que se refugia con sus padres. Así que hablar de migración es hablar de la Biblia misma”.

Por eso el drama de la frontera es un drama humano que dialoga con verdades divinas, y con esto se convierte también en una historia épica de cómo Dios transforma y moldea el carácter de su pueblo para parecernos más a él. “Por eso oramos y actuamos en crear una sociedad más justa, con mejores oportunidades para dar bienvenidas a los extranjeros… y crear un ambiente donde, movidos por la gracia de Dios, se promulguen leyes que mejoren las vidas de los inmigrantes y sus familias”, dice Catana. 

Es imposible entender el momento actual si solo vemos las noticias y sus tendencias y cálculos, sus números y las reacciones oportunistas de bancadas políticos. Detrás de la migración hay gente, como tú y como yo. Como Enrique Catana. Gente que muestra que la incesante búsqueda de la felicidad no es exclusiva de una bandera o una raza. Gente que reconoce haber encontrado a Dios en su propio Via Crucis, y a sus hermanos de comunidad en el camino; en iglesias que no hacen acepción de personas, que son sin fronteras.

La vida de Catana es un argumento a que, si hacer lo correcto debe ser propio de seres humanos que son creados a imagen y semejanza de Dios, entonces el buscar vivir en amor y libertad debería ser nuestro estandarte al velar por los más vulnerables. Eso es ser cristiano aquí y ahora.

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