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Por qué CBF está comprometida con el ministerio entre inmigrantes y refugiados

Por Paul Baxley, Coordinador Ejecutivo de la CBF

El Compañerismo Bautista Cooperativo está comprometido con el ministerio entre inmigrantes y refugiados.

Esta afirmación es cierta hoy y lo ha sido durante toda nuestra historia. Desde nuestros inicios, hemos comisionado a personal de campo para servir entre las poblaciones migrantes del mundo y durante más de dos décadas hemos tenido un equipo de personal de campo sirviendo en los Estados Unidos haciendo ministerio con personas de otros países.

Un número significativo de congregaciones asociadas a CBF están comprometidas en el ministerio directo con inmigrantes y refugiados, ya sea a través de asociaciones con nuestro personal de campo, relaciones con organizaciones de fe locales sin ánimo de lucro o ministerios que han desarrollado ellas mismas. Algunos de estos ministerios se centran explícitamente en los inmigrantes y refugiados, mientras que otros sirven a los inmigrantes en el contexto de ministerios con un enfoque más amplio, como los ministerios de alimentación, vivienda y programas educativos.

En estos días hay voces y poderes que politizan cada vez más las cuestiones relativas a la inmigración. Las congregaciones asociadas al Compañerismo Bautista Cooperativo que participan en estos ministerios van desde las más conservadoras teológicamente hasta las más progresistas teológicamente y representan a todos los que están en medio. Las personas que trabajan como voluntarias en esos ministerios votaron de todas las formas imaginables con todas las emociones posibles en las elecciones más recientes y en las anteriores.

Más allá del trabajo de nuestro Personal de Campo y del ministerio de nuestras congregaciones, el Compañerismo también administra asociaciones con otras organizaciones que participan de manera similar en estos ministerios.

¿Por qué?

Como seguidores de Jesús, la respuesta más importante es que estamos haciendo lo que Jesús nos dice que hagamos. Más directamente, Jesús dijo en Mateo 25: “Fui forastero y me acogisteis”. Mucha gente olvida que, de niño, el propio Jesús vivió la vida de un refugiado. Sus padres, durante su más tierna infancia, huyeron con él del país donde había nacido a causa de la crueldad del régimen de Herodes.

En los rostros de los inmigrantes y refugiados que huyen de la persecución política o religiosa, o que buscan refugio de los tiranos, vemos nada menos que el rostro de Jesús. Acoger a un extranjero es acoger a Jesús.

Además, en su primer sermón misionero, Jesús anunció que su vocación era “llevar la buena noticia a los pobres, la liberación a los cautivos, la vista a los ciegos y la libertad a los oprimidos.” Cuando mostramos hospitalidad a inmigrantes y refugiados, cuando les ayudamos a encontrar hogar, salud, vida y oportunidades entre nosotros, estamos cumpliendo esa misión de Jesús.

El mandato de Jesús de acoger a los extranjeros y, por tanto, de darle la bienvenida a él, es un tema destacado de las escrituras del Antiguo Testamento. En el Éxodo y Deuteronomio, se ordena al pueblo hebreo que acoja a los extranjeros porque ellos fueron extranjeros en Egipto. El profeta Miqueas ordena al pueblo fiel “hacer justicia, amar la bondad y caminar humildemente con Dios”.

Otras escrituras del Nuevo Testamento afirman también el mandato de Jesús. En Romanos 12:9, Pablo ordena que mostremos hospitalidad a los extranjeros. En Efesios 2:19, Pablo dice “ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos”. En Hebreos 13, el escritor afirma que cuando mostramos hospitalidad a extraños, hospedamos a ángeles sin saberlo.

Si Jesús dijo que lo hiciéramos y la Biblia nos ordena que ministremos entre inmigrantes y refugiados nosotros lo haremos. Esa es una razón suficientemente poderosa que mueve lo que hace un cristiano bautista.

También tenemos otras razones. Cuando nos encontramos con inmigrantes y refugiados de todo el mundo, vemos a hijos de Dios, hechos a imagen de Dios, amados incondicionalmente por Dios como lo son todas las personas del mundo. Sabemos que el Evangelio de Jesucristo pretende ser “una buena noticia de gran alegría para todos los pueblos”, porque eso es lo que nos dijeron los ángeles en la Navidad.

Como dicen las palabras más citadas de la Escritura sabemos que “Dios amó tanto al mundo”. Por esta razón, entre muchas otras, rechazamos la peligrosa ideología de la supremacía blanca o cualquier sugerencia de que Dios ama a las personas de una nación más de lo que ama a las personas de otras naciones.

La señal de identidad más esencial de los cristianos no son los documentos que poseemos, sino la profesión de fe que hacemos en Jesús y la vida que vivimos juntos en el poder de Cristo.

Desde el principio, la Iglesia ha sido una comunidad global. Desde que Jesús dio la Gran Comisión, la iglesia ha tenido una visión global, ya que nos encargó hacer discípulos entre las personas de todas las naciones.

Tenemos hermanas y hermanos en Cristo de todas las naciones, que hablan todas las lenguas, por lo que no nos sorprende que muchos de los inmigrantes y refugiados que encontramos en nuestras comunidades compartan el compromiso común de seguir a Jesús y, al igual que nosotros, sean “ciudadanos de la casa de Dios.”

Las aguas del bautismo son más poderosas que la ciudadanía nacional, la lengua del corazón o cualquier otra barrera.

Porque el amor de Dios es global y porque la Iglesia es global, también sabemos que Dios siempre ha trabajado en el mundo enviando a personas más allá de fronteras y límites. Eso fue cierto al principio de la historia bíblica cuando Dios llamó a Abram a dejar su país e ir “a la tierra que te mostraré”. Fue cierto cuando Pablo viajó por todo el mundo conocido trabajando con personas de muchas culturas para fundar iglesias.

Siempre ha existido una conexión inequívoca entre la misión de Dios y la migración. Dios nos envía a nosotros y también a personas para hacer la obra de Dios entre nosotros. Por eso cuando recibimos a extraños agasajamos ángeles. Dios envía personas de otros lugares con otros dones para fortalecer nuestra fe y avanzar en la forma en que servimos a la misión de Dios.

Antes de ser llamado a servir como Coordinador Ejecutivo de CBF, tuve el privilegio de unirme a un grupo de líderes laicos de una iglesia en una visita a uno de los miembros del personal de campo de Misiones Globales de CBF que servía entre migrantes en otro país. Uno de mis diáconos preguntó al personal de campo: “¿Por qué cree que Dios está llamando a CBF a servir entre migrantes?”.

La respuesta: “Porque Dios está enviando a esos emigrantes para renovar la iglesia aquí”. Dicho de otro modo: “Muestra hospitalidad a los extraños porque al hacerlo, sin ni siquiera saberlo, hospedas ángeles”.

En estos días hay voces y poderes que politizan cada vez más la cuestión de la inmigración. Para casi todos los Bautistas Cooperativos que he conocido, esta cuestión no es primeramente política. Nuestros ministerios con inmigrantes y refugiados son un asunto de profunda fe que fluyen de los mandamientos de Jesús y de las enseñanzas de las Escrituras.

El Compañerismo se ha dedicado fielmente a estos ministerios mucho antes de que la mayoría de los líderes estatales y federales de hoy en día ocuparan cargos públicos, y nuestros feligreses que participan en estos ministerios vitales proceden de los dos principales partidos políticos de Estados Unidos. El mandato al que respondemos se emitió hace miles de años y su verdad se ha confirmado a lo largo de la historia.

¿Por qué seguimos trabajando con inmigrantes y refugiados? Jesús lo ordena. La Biblia lo exige. El amor de Dios es global. La Iglesia es global. O, como dice con fuerza en la versión en inglés de un himno que cantamos en muchas de nuestras congregaciones: “Sobre Cristo la roca sólida estoy, todo otro terreno es arena movediza”.

El Rev. Dr. Paul Baxley es Coordinador Ejecutivo del Compañerismo Bautista Cooperativo.

One thought on “Por qué CBF está comprometida con el ministerio entre inmigrantes y refugiados

  1. En Puerto Rico tenemos muchos hermanos de la República Dominicana y otras naciones que tenemos que proteger y cuidar, es un llamado de Dios.

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